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Villa Constitución
El sello de una voz que no necesita presentación
Con el rigor de la vieja escuela y la vigencia que le dan los nuevos medios, el reconocido locutor repasa una trayectoria marcada por el respeto sagrado al oficio.

La historia de Víctor Hugo Dimaría tiene el ritmo de un vinilo y la pausa justa de otros tiempos; es una biografía que se narra con la seguridad de quien conoce el valor del silencio y el peso de una palabra bien dicha. Aunque hoy su voz es una marca registrada, todo comenzó en la sencillez de barrio Los Tilos. Allí, entre los juegos con su hermano Fabián y las tardes en Cilsa en casa de sus nonos, se forjó el carácter de un hombre extraído de una época donde la radio era un ritual sagrado. Sus padres, Hugo y Coqui, fueron los primeros testigos de esa infancia feliz y “pegote”, tan aferrada al hogar que el pequeño Víctor lloró días enteros cuando le tocó enfrentar el mundo exterior en la escuela Club de Leones. “Mi casa era mi mundo”, confiesa sobre aquel nido familiar que le costó abandonar, y que terminó siendo el cimiento de su integridad.
Nadie hubiera imaginado que aquel chico que se escapaba del aula para buscar a su mamá elegiría una profesión de máxima exposición. Fue un desafío personal contra la timidez, una batalla que ganó construyendo una “coraza” profesional para dominar el escenario. Su madre, con el miedo lógico de quien conoce las alergias crónicas de su hijo, dudaba: “¿Estás seguro? Mirá que estás mucho tiempo congestionado”, le advertía. Pero Víctor estaba decidido. Debutó en 1988 en Radio Acero de Ramallo, temblando de nervios frente a un micrófono que exigía una perfección casi solemne. “Dejar un bache era un pecado mortal”, recuerda sobre esos años donde aprendió que la comunicación no es un juego, sino un oficio que se honra con preparación.
En 1991, tras una charla con Aldo Ramini, Víctor se sumó al staff de Radio San Nicolás. Trabajar junto a una eminencia como Ramini, con todo lo que su nombre significaba y aún significa para la radiodifusión de la zona, fue un sello de prestigio en su carrera. Formando parte del equipo deportivo de la radio, comenzó a viajar los fines de semana para realizar la locución comercial del fútbol, lo que lo llevó a convivir en las cabinas de los estadios más emblemáticos del país con los “monstruos” de la profesión. “En el Monumental, teníamos a la izquierda a José María Muñoz, a la derecha Víctor Hugo Morales; cada vez que decía Radio San Nicolás la reconocían”, cuenta con la satisfacción de haber sido embajador de nuestra región en las grandes ligas.
Pero su respeto por la palabra no se limitó al aire. Su excelente ortografía y capacidad de redacción le abrieron las puertas del periodismo escrito local, primero en diario Constitución junto a Mario Carrillo y Ernesto Parrilla, y luego en diario El Sur. Esa versatilidad lo llevó también a la pantalla chica, donde durante varios años fue la cara del noticiero local, un paso por la televisión que hoy continúa evolucionando a través del formato streaming.
En nuestra ciudad, su identidad quedó sellada para siempre en “El Galeón de Estrellas”. Durante 15 años, el programa no fue solo un espacio radial, sino un punto de encuentro que la gente hizo propio. Hoy, Víctor sigue siendo un incansable de la comunicación: conduce “Cámara Abierta” por streaming, produce su propio noticiero “Infos” en su canal de YouTube y mantiene el mítico “Corazón Viajero”, que este año celebra 31 años ininterrumpidos en Radio Villa Constitución. Además, es conocido como el presentador oficial del Pre-Cosquín Sede Villa Constitución y su vínculo estrecho con la capital nacional del folklore: realiza envíos radiales para la radio de Cosquín desde aquí y viaja permanentemente a Córdoba, donde integra el equipo de locutores de los espectáculos callejeros del festival.
Casado con Nora desde 2004 y padre orgulloso de una joven de 16 años y un niño de 9, Víctor observa el presente con la mirada crítica de quien ama su profesión. Le duele la inmediatez vacía, la falta de preparación y la mentira disfrazada de primicia en las redes sociales. “Me molesta que ya no se exija cierto nivel de preparación para sentarse a informar”, reflexiona con la firmeza de un profesional que no negocia la ética por un like.
Al final del día, Víctor Hugo Dimaría sigue siendo ese hombre que entiende que el prestigio se gana con la coherencia de toda una vida. Es el profesional que hoy frente a un micrófono, elige simplemente ser él mismo: alguien que sigue disfrutando del placer de contar historias con la misma honestidad, sencillez, responsabilidad y profesionalismo del primer día.