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Villa Constitución
Personaje de la Semana: Jorge Lorenzini
Abogado formado en ANSES, inicia su retiro del organismo con un breve descanso y la intención de continuar con la actividad privada.

A Jorge Lorenzini le cuesta hablar de sí mismo. Antes de repasar su vida, pide disculpas por los nervios y se define con una expresión sencilla: “Soy muy de perfil bajo”. Durante años, su tarea consistió en escuchar las preguntas de otros, aclarar dudas y acompañar gestiones. Ahora, a los 66, la jubilación lo invita a mirar su propio recorrido. “Uno está del otro lado del mostrador ahora”, dice sobre este cambio de etapa.
Nació en la ciudad a la que volvería de adulto y vivió en barrio Parque Acindar hasta los 16 años. El trabajo de su padre marcó aquella primera mudanza: la empresa lo destinó a Buenos Aires y la familia se fue con él. Jorge dejó la San Pablo en tercer año y terminó la secundaria en la capital, donde obtuvo el título de técnico eléctrico. Su adolescencia quedó repartida entre el barrio de origen y una ciudad nueva, que le abrió un tiempo de trabajos y distintos emprendimientos.
La abogacía era lo que le gustaba y decidió estudiarla. En 1997 ingresó como pasante a ANSES, con una modalidad que recuerda ligada a su avance académico: rendía materias y le pagaban por cada una. A los seis meses quedó efectivo. En la sede de Plaza de Mayo se desarrolló como abogado y adquirió los conocimientos previsionales que orientarían su actividad. Jubilaciones, pensiones y consultas cotidianas fueron ocupando el centro de una profesión que ejerció principalmente dentro del organismo.
En 2006 decidió regresar. Sus hijos eran chicos y quiso criarlos en su ciudad natal, con una vida más tranquila. “Antes que la carrera”, recuerda al explicar la prioridad de aquel momento. La oficina local lo recibió con una jefa de larga trayectoria y compañeros a quienes todavía agradece la bienvenida. Allí pudo reunir dos propósitos: estar cerca de su familia y poner lo aprendido al servicio de la gente de su ciudad.
Su manera de contar el oficio vuelve siempre a las personas que se sentaban frente a él. Había inquietudes, preguntas y temas que necesitaban una explicación. Intentaba ayudar dentro de sus facultades de abogado, sin perder de vista la dimensión social de la tarea. “Uno está para el servicio social, para la gente”, sostiene. Del paso por ANSES rescata tanto el aprendizaje de la especialidad como esa posibilidad de orientar a sus vecinos.
También se impuso límites claros. La actividad privada tuvo menos espacio y no atendía allí asuntos previsionales por la incompatibilidad con su función pública. Cuando alguien llegaba con esas dudas, la respuesta era concreta: “Te espero mañana en ANSES y te saco todas las dudas”. Quienes lo consultaban por otros rubros solían conocerlo del organismo o llegar recomendados. Él vincula esa confianza con su empeño en manejarse de forma seria y honesta.
Al repasar esa responsabilidad, elige una palabra que considera central en su recorrido: “He tenido, digamos, una conducta creo que intachable”. La expresa como una valoración propia, ligada al cuidado que exige ser funcionario público y a la confianza de quienes acudían a él para recibir asesoramiento.
El retiro no significa dejar de trabajar. La situación de las jubilaciones también influye: “Uno tiene que seguir trabajando”, reconoce. Ya recibió llamadas para nuevas consultas y planea continuar en materias ajenas a lo previsional. Primero se tomará unas pequeñas vacaciones y después volverá al saco y la corbata para ejercer en forma privada. Por la antigua oficina pasará, dice, a saludar a sus compañeros.
Quedan el barrio de la infancia, la mudanza adolescente y aquel regreso elegido para ver crecer a sus hijos. También los años de consultas, que hoy quedan marcados en el afecto por la oficina que deja. El tiempo cambió su rutina, pero no esa forma discreta de encontrar sentido en ayudar a alguien.