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Villa Constitución 03/11/2026

Día del Joyero y Relojero: historias de un oficio artesanal

Décadas detrás del mostrador, reparaciones y aprendizajes: comerciantes locales repasan sus trayectorias y los cambios que transformaron su trabajo.



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El Día Internacional del Joyero y Relojero, que se celebra cada 3 de noviembre, reúne en Villa Constitución historias de aprendizaje familiar y cambios tecnológicos. Ariel Adriani, de La Universal; Hugo Juan Ben, de Joyería y Relojería Ben; y Héctor Brandi y Demetrio Brandi, de Joyería y Relojería Héctor, cuentan cómo llegaron al oficio y qué desafíos enfrentan.

Sus recorridos combinan comercios abiertos desde fines de los años cincuenta, capacitación en Rosario y nuevas generaciones en los talleres. La electrónica, los dispositivos inteligentes y la producción industrial modificaron tanto las reparaciones como la fabricación artesanal de alhajas.

 

La Universal, del reloj a cuerda a los dispositivos inteligentes

Ariel Adriani aprendió relojería con su padre, fundador de La Universal en 1957. Desde los 12 años lo acompañaba durante las vacaciones y comenzó por desarmar y armar relojes. “Mi papá era relojero y yo aprendí con él”, recordó.

Al terminar la secundaria estudió joyería en Rosario para completar los servicios del negocio. También realizó cursos de actualización. Luego del servicio militar permaneció un tiempo más en esa ciudad y finalmente se instaló en Villa Constitución.

Uno de los cambios más importantes de su trayectoria llegó alrededor de 1978: el paso de los mecanismos a cuerda y automáticos a los relojes electrónicos a pila. Para aprender esa tecnología, los relojeros locales recibieron capacitación de docentes de la escuela Crisol de Rosario, que Adriani recordó como la única institución pública del país dedicada a relojería y joyería.

Después llegaron los modelos solares y los Eco-Drive, con sistemas de carga distintos de los mecanismos tradicionales. Hoy, los relojes inteligentes incorporan funciones similares a las de un celular.

Adriani observa que muchos jóvenes eligen esos dispositivos y que algunos no están familiarizados con la lectura de la hora mediante agujas. Su impresión es que el reloj analógico fino conservará un lugar como accesorio de vestir, mientras los modelos inteligentes ganarán espacio en el uso cotidiano.

 

Joyería Ben y el aprendizaje artesanal en el taller

La historia del comercio de Hugo Juan Ben comenzó en 1958. Su padre combinó inicialmente la actividad con su empleo en la acería local, hasta que decidió dedicarse al negocio. Ben lo ubica entre los establecimientos más antiguos del rubro en la ciudad.

Como hijo mayor, empezó ayudando en el taller con despertadores, relojes de bolsillo y mecanismos más grandes y rústicos. Luego tomó cursos de relojería tradicional por iniciativa propia.

En 1974, su padre falleció en un accidente. Ben continuó la actividad junto a su madre, que quedó al frente del comercio, y desde 1992 trabaja por cuenta propia.

Al describir el presente, señaló que la industrialización redujo el espacio del trabajo manual, especialmente en la fabricación de joyas. Aunque en las grandes ciudades hay más trabajadores del sector, considera que la actividad artesanal disminuyó de manera marcada.

Sus recuerdos del aprendizaje incluyen golpes en los dedos y técnicas como la laminación, el trefilado y el trabajo con martillo. Para Ben, la formación también se construye en esa práctica: “Otra parte muy importante y de mucho valor es la parte manual, es la creación de cada uno”.

 

Héctor Brandi cumple 60 años en la relojería

Héctor Brandi comenzó a los 17 años y, a los 77, cumple seis décadas en el oficio. Trabajó en varios talleres y compartió desde joven ese camino con su esposa. La llegada al centro de Villa Constitución marcó una etapa de crecimiento para Joyería y Relojería Héctor, que atribuye también a la recepción de los vecinos.

En ese recorrido vio cambiar la forma de reparar. Los costos y la tecnología favorecieron el reemplazo de piezas y circuitos electrónicos, en lugar del trabajo prolongado que requerían los relojes a cuerda para encontrar una falla y recuperar su funcionamiento.

Su ingreso a la relojería no respondió a una tradición familiar, sino a una oportunidad que encontró cuando era adolescente. Esa continuidad llegó después: hoy también participan sus hijos, nietos y nietas.

Aunque piensa en retirarse, sigue acompañando a su hija, que está a cargo, y colaborando con reparaciones y pedidos que los clientes necesitan resolver con rapidez. “Pienso que se merece que lo sigan, que la familia lo siga”, expresó sobre el negocio al que dedicó su vida.

Entre los desafíos menciona la mayor entrada de productos importados económicos, los relojes baratos y el uso del celular para consultar la hora. Aun cuando la importación siempre formó parte del rubro, entiende que esa oferta cambió las elecciones de los compradores. El servicio y las composturas siguen siendo parte central de su trabajo.

 

Demetrio Brandi y la continuidad del oficio familiar

Demetrio Brandi se acercó al oficio observando a su padre. Antes compartieron el interés por el automovilismo, una actividad que también le gustaba. Eligió estudiar relojería y joyería en Rosario y comenzó con pequeñas piezas, soldaduras y pruebas hasta trabajar junto a Héctor.

El legado de Héctor continuó en sus hijos y nietos. Demetrio cuenta que la familia abrió cuatro locales, con presencia también en Arroyo Seco y Empalme Villa Constitución. Aunque él y su padre trabajan en establecimientos distintos, mantienen el intercambio de conocimientos y la colaboración familiar: comparten compras, organizan viajes y se ayudan en las tareas del oficio.

El intercambio entre generaciones forma parte de esa dinámica: aprende técnicas de su padre y, a la vez, le aporta conocimientos más recientes. “Estamos todo el tiempo charlando y viendo qué hacer para crecer más en el rubro y hacer crecer la joyería que tiene tantos años”, contó.

En el taller, cada anillo que recibe para engarzar una piedra representa un reto. Le interesa especialmente reparar joyas antiguas, renovar sus engarces y trabajar las terminaciones para recuperar su aspecto original. A esas piezas les dedica el tiempo necesario para entregarlas terminadas como estaban cuando salieron de fábrica.